domingo, 20 de marzo de 2016

Tailandia (el saludo)

Lo primero, si alguna vez vais a Tailandia NO seáis tan estúpidos como yo y recordad que no estáis en España y nadie quiere dos besos. El saludo en Tailandia (llamado Wai) es una reverencia mientras juntas las palmas de las manos a la altura del pecho y dices hola (Sàwadii ká si eres mujer, Sàwadii kráp si eres hombre), creo recordar que si lo hacías delante de Buda debías llevarte las manos hacía la frente, y si era a una persona mayor hacia la nariz.

Bueno, simplemente, no hagáis el ridículo como yo y os quedéis paralizados sin saber que hacer, por favor. 

La mayoría de las veces me sentía bastante ridícula haciendo ese saludo, parece simple pero no lo es, creedme. A veces sentía que los demás tailandeses se iban a reír de mi, ya que les hace muchísima gracia que los turistas intenten hablar como ellos o comportarse como ellos. La mayoría de las ocasiones optaba por saludar con la mano manteniendo siempre una distancia, nunca os acerquéis, a los tailandeses les gusta mantener las distancias, es como un símbolo de respeto. Al final, como mi hermana tailandesa me rabiaba cuando saludaba como una simple turista a sus familiares o amigos, opté por inclinar la cabeza y los hombros ligeramente y sonreír, eso me pareció perfecto, mostraba respeto y a la vez no me sentía ridícula. Así que que acabe cogiendo ese gesto como una costumbre, prácticamente me salía solo, aunque sí que me inclinaba completamente, como he dicho al principio, ante los monjes y Buda, que en Tailandia son considerados dioses (al menos desde mi punto de vista)

Tailandia (parte 1)

No fue el primer viaje, ni el último, pero sí que fue el viaje que más me ha aportado.

Nunca hubiera tenido la oportunidad de ir a Tailandia.
¿Tailandia? Ni si quiera sabía dónde estaba en el mapa, al menos no con toda seguridad.

La oportunidad me surgió de la nada, mis padres aceptaron traer a un estudiante a casa durante 10 meses para que aprendiera nuestra cultura y nuestro idioma, la chica resultó ser tailandesa.

Era Junio, despúes de 10 meses, ella tenía que volver a casa. Una noche entre risas me dijo que me fuera con ella, que conociera a su familia, su cultura, su casa, su país. A la mañana siguiente yo ya se lo había dicho a mis padres, mis padres me dijeron que no, no no y no.
Yo tampoco sé qué cambió, pero una semana después (apenas 3 semanas antes de que la chica se marchara) llegué del instituto y me senté en la mesa a comer con mis padres como un día cualquiera, recuerdo que ese día la chica de Tailandia comía en la casa de unos amigos suyos, así que solo estábamos los tres. De repente mi padre me dijo, oye, lo hemos pensado mejor y creo que es una oportunidad increíble que deberías aprovechar.

Así que, tres días después tenía un billete de ida y vuelta a Tailandia, con escala en Doha, una cita con el médico, un seguro que me cubría hasta la devolución de mi cadáver a España (sí, sí, muy real), caras conocidas estupefactas y muchísimas ganas.

Debo admitir que no me lo creía, no era capaz de creérmelo. Fue cuando llegué al aeropuerto y vi a la chica tailandesa abrazar a mis padres y que los tres lloraran cuando dije 'hostias, yo me voy con ella'.
Así que cogí el avión junto con tres chicas más de tailandia que viajaban como mi 'hermana', ellas empezaron a hablar en tailandes y yo no entendía absolutamente nada.
Recuerdo que me mordía muchísimo el labio, me monté en el avión, entre dos mujeres japonesas.
Y fue eso lo primero que me chocó de mi nueva aventura, ¡las japonesas se quitaron los zapatos nada más sentarse y se quedaron dormidas antes si quiera de despegar!

Cuando vi como el avión sobrepasaba Madrid pensé 'oh dios mío, dónde cojones me he metido'.

jueves, 17 de marzo de 2016

¿Por qué viajar?

Porque cada viaje es una experiencia y la vida debería de estar llena de experiencias, lugares, gente, cultura, comida, bailes, risas, religiones, costumbres nuevas.

Cosas que te hagan abrir los ojos y sonreír.

Porque en cada viaje, dejas un trozito de ti y te llevas miles de experiencias nuevas.



Quería mostraros algunos de mis pedazitos repartidos por el mundo.



La tarjeta que veis a la derecha me la dio un hombre en italia bastante gracioso y extraño, era indio y hablaba un italiano con un acento muy marcado, me hizo muchísima gracia porque esa tarjeta solo era para los niños pequeños de 8 y 9 años,
me la dio y os prometo que sentí que con aquel gesto me dijo 'quizá ya no seas una niña pequeña pero siempre es bonito pretender serlo',

Bueno, este trozito no podía faltar

¡la primera vez que estaba tan cerca de un elefante y que además montaba en él!

Cuando baje me pasé media vida acariciándolo, hay pruebas.











Un pequeño dibujo de lo que vi por la ventanilla del avión cuando estaba lo suficientemente cerca de España como para ver la costa.

La figurita la compré en el poblado de las Padaunge en Tailandia.

El osito que veis fue un regalo que me dio mi primo, la última vez que estuve en Cuba. Es algo realmente especial para mi, porque fue la última vez que le vi y le abracé, hace ya más de 5 años.

El dominó que veis detrás es algo realmente especial para mi, me lo hizo mi abuelo (se dedica a ello) y cada vez que lo veo puedo ver a mi abuelo sentado en la parte de atrás de la casa, sonriéndome, con un cuchillo y una montaña de dominós y fichas a su lado.
La maraca, si os soy sincera no sé de dónde salió, solo sé que mi madre me la compró porque la primera vez que fui a Cuba con tres años mi tío me compró unas maracas iguales que años después rompí.
Y la pulsera de USA bueno, demasiadas risas que ya os contaré.



Fui a París con 9 años con mis padres, y de ese viaje conservo esa pequeña Torre Eiffel y la promesa de que volvería y subiría hasta la última planta.








Bueno ¿y las risas que me eché con esta foto?

Creo que es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi viaje a Tailandia, esa foto que después dibujé (y perdón por el dibujo ya de paso) las risas, las vistas, el momento, el frío, la humedad, el paisaje.

Todo era perfecto en aquel momento.






En las siguientes entradas me centraré en cada uno de mis viajes, os contaré anécdotas y quizá dos o tres cosas que a mi me gustaría haber sabido antes de lanzarme a la aventura.

I want the world in my hands.

Eyyy.

Espero y quiero que este blog tenga algún sentido para mí, y también para vosotros.

Quiero transmitiros estas ganas de vivir, de salir ahí afuera y comerme el mundo.
Porque las tengo aquí guardadas y si no las comparto con alguien me van a estallar del pecho.

Así que ahí va, este blog lleva bastante tiempo hecho, y la última vez que escribí algo tenía 13 años.
Ahora tengo 17, y ha llovido muchísimo desde entonces.

Creo que, después de todo lo vivido, lo único que es capaz de hacer que me levante cada día son estas ganas de viajar, ha sido eso lo único que me ha mantenido a flote cuando todo se me echaba encima, ha sido lo único sólido y real que he sentido en mi vida,
lo único por lo que creo que vale la pena luchar

No quiero que esta sea una entrada larga, no quiero que os hagáis una idea de cómo soy, no quiero nada, nada de eso.




Solo os voy a decir algo

hubo un momento, no hace mucho tiempo (uno de esos momentos que sabes que vas a recordar para siempre mientras lo estás viviendo)

Fue a miles de kilómetros, eran las 4 de la mañana, y allí estaba yo, con una taza gigante de café y mis dieciséis años y mis ganas de comerme el mundo, frente a la puerta de embarque, sola y en Doha, escuchando a la gente hablar miles de idiomas a mi alrededor,  

fue en ese instante en el que me di cuenta de que 

el mundo no es tan grande como parece, 
solo tenía que extender los brazos

y tocarlo.